La neurociencia de la soledad

Artículo y traducción de Elena Blanco-Suárez

En esta sociedad hiperconectada en la que vivimos, la soledad es una epidemia. Vivimos en tiempos de profundo cambio social, e Internet y las nuevas tecnologías tienen la culpa, permitiéndonos mantenernos conectados con los demás sin tener que realmente conectar con ellos.

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¿No es irónico?

Los humanos, nos guste o no, somos animales sociales. Necesitamos interaccionar con otros humanos, y como sociedad tendemos a organizarnos en comunidades. La soledad – un término más poético para el aislamiento social – no es nada nuevo. Autores clásicos han estado escribiendo sobre ella durante siglos, pero es mucho más que una fuente de inspiración para las artes y las letras. Es un mecanismo biológico que empuja a la gente a encontrar la interacción social que les falta y necesitan. El cerebro hará que el individuo que se encuentra solo encuentre a alguien para interacciones, porque, como dije más arriba, somos animales sociales. Necesitamos compañía porque nuestros antecesores prehistóricos requerían de esa compañía desesperadamente para sobrevivir; la presencia de otros humanos les aseguraba protección y apoyo, para ellos y para su descendencia [1]. Nuestros cerebros siguen creyendo que necesitamos estar rodeados de otros si queremos sobrevivir y medrar.

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“Muchacha en la ventana” de Salvador Dalí, 1925. Esta obra no evoca soledad a todo el mundo, pero es lo que me sugiere a mí.

Por supuesto, soledad es un sentimiento natural que todo el mundo experimenta en algún momento en la vida. Pero un estado crónico de soledad no puede ser bueno para nadie. El aislamiento social crónico está relacionado con la depresión, la ansiedad y el síndrome de estrés post-traumático. Son amenazas reales para algunos de los grupos más vulnerables al aislamiento social, los cuales además suelen ser ignorados cuando se trata de problemas de salud mental [2].

Si buscas en Google “epidemic loneliness” (“soledad epidémica” en español) encontrarás que la gente ya ha preguntado cosas tales como “¿puede alguien morir de soledad?”. Puede que te parezca exagerado, pero la cuestión sobre la soledad ha surgido y está comenzando a ser considerada como un asunto de salud pública en nuestras comunidades. Pero ¿Cuál es el mecanismo fisiológico de la soledad? Y… ¿puede llegar a matar?

En respuesta a estas preguntas, varias investigaciones de este mismo año han arrojado cierta luz sobre el tema. Investigadores han descubierto que el aislamiento social afecta la activación de las neuronas dopaminérgicas [3] y serotoninérgicas [4], las cuales son clave para nuestro bienestar emocional (compruébalo en mi post anterior).

Matthews y sus colaboradores descubrieron que las neuronas dopaminérgicas de la región cerebral llamada núcleo dorsal del rafe se activaban en respuesta al aislamiento social agudo y motivaban a buscar e involucrarse de nuevo en interacciones sociales [3].

Estudiaron ratones que habían sido criados juntos o en aislamiento y siguieron sus reacciones cuando un ratón nuevo era introducido en la jaula. Los ratones que habían sido aislados previamente mostraban una alta actividad en esa región cerebral lo que les motivaba interaccionar con el nuevo ratón. Por otro lado, los ratones que ya se encontraban juntos mostraron falta de interés por el nuevo ratón.

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El ratón previamente aislado se coloca en la sección central y se le permite moverse libremente por la jaula. El código de color indica donde pasó más tiempo, donde rojo indica el máximo y azul oscuro el mínimo. Cuando las neuronas se fotoactivaron (ON), el ratón paso más tiempo interaccionando con el ratón que esperaba en la sección social.

Para medir la sociabilidad, usaron un protocolo bien conocido para el estudio de las interacciones sociales. En este protocolo, se utiliza una jaula con tres secciones. Una de esas secciones es la sección social, donde otro ratón está esperando. El ratón estudiado (que comienza desde la sección central de la jaula) normalmente pasará más tiempo explorando la sección social de la jaula interaccionando con el nuevo ratón en lugar de aislarse en la sección no-social. Porque, como nosotros, los ratones son mamíferos sociales. Utilizando la optogenética (lee nuestro post previo sobre esta increíble técnica aquí), los investigadores pudieron fotoactivar las neuronas dopaminérgicas del núcleo dorsal del rafe. Eran capaces de “encender” y “apagar” las neuronas cuando querían, y estudiar los cambios. Encontraron que cuando esas neuronas se fotoactivaban, el ratón pasaba más tiempo en la sección social de la jaula, mostrando una mayor motivación para socializar.

Es interesante el hecho de que también observaron un comportamiento aversivo cuando las neuronas dopaminérgicas del núcleo dorsal del rafe eran activadas, pero al ratón estudiado se le privaba de la posibilidad de la interacción social (es decir, el ratón que esperaba en la sección social no estaba). En otro experimento, el ratón evitaba la sección de la caja donde se suministraba la estimulación con luz, ya que el ratón relacionaba la luz al “sentimiento de soledad”. Y al no haber otro ratón con el que interaccionar, su necesidad quedaba sin satisfacer.

Todos estos resultados indican que las conexiones neuronales se potencian en respuesta al aislamiento social, lo que hace que el individuo busque la interacción social que le falta. Los investigadores concluyeron que la activación de las neuronas dopaminérgicas en el núcleo dorsal del rafe es solo necesaria en individuos aislados, ya que son los que requieren interacción social.

Comparan la necesidad de tener compañía con el hambre que nos hace buscar comida. Existen diferentes circuitos neuronales encargados del consumo de comida dependiendo de si el individuo la come porque está deliciosa o porque está hambriento, plantean una situación similar en las interacciones sociales, y especulan con la posibilidad de que diferentes circuitos neuronales dependiendo de si el individuo quiere interacción social porque es gratificante (delicioso) o porque se encuentran solos (hambrientos).

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Roedores felices

Sargin y sus colaboradores llegaron a conclusiones similares a las de Matthews et al., pero a través del estudio de las neuronas serotoninérgicas en lugar de las dopaminérgicas en el núcleo dorsal del rafe en respuesta al aislamiento social [4]. Identificaron los canales SK como los responsables de las alteraciones de las neuronas serotoninérgicas tras el aislamiento social crónico. Así que cuando bloqueaban estos canales pudieron tratar los comportamientos de ansiedad y depresión en los ratones aislados (por ejemplo, desórdenes alimenticios y movilidad reducida).

La soledad, como todo lo que sentimos, está controlada por el cerebro. Aunque la soledad es considerada un sentimiento negativo, la ciencia nos muestra que en realidad es algo que necesitamos para superar una situación que nos puede poner en desventaja. Como el dolor físico, es la forma que tiene nuestro cuerpo de decirnos que hay algo que no está bien. Así que, la soledad no puede matarnos per se, pero si no la mitigamos puede derivar en ansiedad, estrés y depresión, que pueden llevar a situaciones peores.

La próxima vez que te sientas solo, piensa en tu núcleo dorsal del rafe. Las neuronas de ahí están tratando de ayudarte, escúchalas. Encuentra tu interacción social y dales un respiro a las neuronas.

Referencias:

  1. The Evolution of Anxiety and Social Exclusion. Buss, D.M. J. Soc. Clin. Psychol. 9, 196–201. 1990.
  2. Old Age and Loneliness Renee P. Meyer, MD and Dean Schuyler, M. Prim Care Companion CNS Disord. 2011; 13(2): e1–e2.
  3. Dorsal Raphe Dopamine Neurons Represent the Experience of Social Isolation, Gillian A. Matthews, Edward H. Nieh, Caitlin M. Vander Weele, Sarah A. Halbert, Roma V. Pradhan, Ariella S. Yosafat, Gordon F. Glober, Ehsan M. Izadmehr, Rain E. Thomas, Gabrielle D. Lacy, Craig P. Wildes, Mark A. Ungless, Kay M. Tye. Cell, Volume 164, Issue 4, 11 February 2016, Pages 617-631, ISSN 0092-8674, http://dx.doi.org/10.1016/j.cell.2015.12.040.
  4. Chronic social isolation reduces 5-HT neuronal activity via upregulated SK3 calcium-activated potassium channels. Sargin DOliver DKLambe EK. 2016 Nov 22.
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